Abril 22 – 24
Río de Janeiro, Brasil
Llegamos a otra área para probar otra parte de Río, Santa Teresa. Era verdaderamente increíble, con una vista hermosa de la ciudad y muchísima vegetación alrededor. El hostal estaba muy cómodo, hasta hamaca había en el cuarto. Esa noche tuvimos una de las mejores cenas de todo el viaje. Un restaurante llamado ‘Espíritu Santa’, con comida amazónica y un pastel de chocolate que estaba para morirse. Además el lugar estaba lindísimo, con un balcón que daba al valle y se podía apreciar mucho de Santa Teresa mientras comíamos aquella deliciosa comida.
Aquella noche tuvimos una revelación, estábamos cansados. Una de las cosas que queríamos hacer era ir a sambear. Se escucha esa música contagiosa por todos lados y queríamos salir de noche y vivirlo bien. La última noche para hacerlo era esa noche, pero decidimos quedarnos en el hotel. Quizá piensen que fue una oportunidad perdida, y la verdad lo fue. Utilizamos tambien como escusa que Río era peligroso. Habíamos platicado con aquella pareja de Francia y nos habían contado un par de historias aterradoras de Río, que si bien estábamos por convencernos que nuestro miedo era en verdad paranoia, bueno, pues esas historias nos regresaron el miedo. Aún así creo que debíamos de haber salido y aprovechado la noche.
Pasamos la noche platicando y discutiendo acerca de los cambios que nos han sucedido al viajar por tanto tiempo. El cuerpo ya no aguanta lo mismo, siento como si tuviera 60 años, me quiero ir a dormir temprano y despertar tarde (aunque creo que gente de 60 años se va a dormir temprano pero tambien se despierta temprano). El punto es que la energía ya no daba, estamos como a un 30%. Sin embargo, quedamos en tratar de renovar nuestro entusiasmo, ya que sólo nos quedan un par de meses y ha sido una experiencia sin igual que sería una lástima arrastrarnos a la meta final. En fin, como quiera perdimos la experiencia de la samba.
Al día siguiente fuimos a Cristo Redentor en Corcovado. Tomamos un trenesito turístico que nos llevó a la cima. Estaba repleto de gente, pero con una vista hermosa y tuvimos suerte con el clima. Ese día no llovió y teníamos todo despejado. Pudimos ver todo Río, hermoso.
Al regresar a Santa Teresa queríamos ir de compras, pero esta vez tuvimos mala suerte, ya que era día de asueto y no había nada abierto.
Salíamos esa noche a media noche rumbo a Santiago, así que nos quedamos esperando en el hostal hasta esa hora, viendo películas y conociendo gente interesante. Lamentamos haber perdido días en Brasil esperando nuestra visa y lamentamos haber estado tan cansados. Dijimos ‘adios’ a Brasil quedándonos con ganas de haber hecho más.