Marzo 7 – 10
Cairo, Egipto
Nuestra última estancia en Cairo tuvo un poco más de aventuras. Primero, para llegar estuvo… interesante. De Wadi Moussa tomamos una minivan a Aqaba, de ahí un taxi a la frontera. En la frontera me verdeó el guardia y caminamos a Israel. De la frontera tomamos un tasi a la estación de autobuses, el taxista nos transó y discutimos. Tomamos un autobus para la otra frontera y cruzamos a pie. Nuestro autobus para Cairo se había averiado y debíamos esperar como 6 horas. Se nos ofreció ir en una minivan. Al principio no queríamos porque sabíamos ya cómo funcionaba esa onda. Es esperar que se llene, y luego y parando a cada rato subiendo y bajando gente, que al final, seguro iba a tomar el mismo tiempo. Sin embargo, esta vez nos prometieron viaje directo al centro de Cairo y sin paradas. Accedimos y todo, como es de esperarse, fue mentira. Pagamos cargos de aduana por alguna razón inexplicable. Paramos varias veces, nos cambiaron de minivan a la mitad del camino, recogimos y dejamos a varias personas extras y encima nos dejaron en las afueras de la ciudad. Me puse una tremenda discusión con el conductor, que después de discutir con el taxista de Aqaba y el taxista de Israel ya estaba en sazón. Por supuesto no resolvió nada, pero cuando menos me dió gusto el hecho que se incomodara (y se enojara) tanto el que una mujer le armara bronca. Llegamos tarde a Cairo y directito a dormir.
Descansamos al día siguiente, pero el último día si que la pasamos ocupados. De algún modo arreglamos los rollos de película que habían fallado cuando filmamos en Enero, así que filmamos un poco más para compensar. Lo único interesante de esto fue que usamos la cámara que no daba imagen. Es decir, el mecanismo de adentro funcionaba bien pero no teníamos manera de saber qué se estaba filmando. Filmamos como Woody Allen en ‘Hollywood Ending’.
Al día siguiente, otra vez (sí! otra vez, ya estoy harta) salimos tempranitititititito hacia el aeropuerto donde toda la comida subió de precio exponencialmente y esperamos 5 horas en el avión en el aeropuerto. El vuelo hubiera tardado como 3 horas, pero así fueron 8, dentro del avión y sólo nos dieron de comer una vez. Llegamos a Londres tarde, hambrientos donde para rematar el metro se interrumpió atrasándonos aún más.